20131030

“No es que las naves espaciales sean lentas, es que todo está muy lejos”

y además nuestras vidas son muy cortas..


“No es que las naves espaciales sean lentas, es que todo está muy lejos”

EE UU y Rusia, en los años 70 y 80, empezaron a desarrollar cohetes nucleares, recuerda este experto en propulsión espacial avanzada, para quien esa opción tecnológica sería "una burrada”.


Manuel Martínez Sánchez, en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Aeronáuticos, en Madrid


Manuel Martínez Sánchez terminó la carrera de ingeniero aeronáutico (número uno de su promoción) en Madrid, en 1967. Al año siguiente estaba en Estados Unidos, en el prestigioso Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), con una beca de la institución precursora de la Agencia Europea del Espacio (ESA). Quería ver mundo, recuerda. Allí hizo el doctorado, luego profesor... pensó volver a España, pero fue posponiendo el regreso; formó su grupo de trabajo, montó el Laboratorio de Propulsión Espacial del MIT, y allí sigue, aunque siempre manteniendo un estrecho contacto de colaboración con su Escuela Técnica Superior de Ingenieros Aeronáuticos de Madrid. Ahora, a los 71 años, ha sido investido doctor honoris causa por su Universidad Politécnica de Madrid. Le gustaban los aviones desde niño, no pudo ser piloto “por la vista” y se dedicó a problemas de energía en el MIT, pero luego se pasó al espacio y empezó a colaborar con la NASA (aún sigue haciéndolo). Es un gran experto mundial en propulsión avanzada.

Pregunta. ¿Los vehículos espaciales no son muy lentos dadas las distancias que se quieren recorrer? Las dos naves Voyager han tardado 35 años en llegar a la frontera del Sistema Solar...

Respuesta. El problema no es la nave, que va muy rápido, es que las distancias son enormes. Las Voyager van a 10 o 12 kilómetros por segundo y eso no es ir lento. Pero si uno piensa en ir a la estrella más cercana... es imposible: la luz de esa estrella tarda cuatro años en llegar a la Tierra. Estamos completamente aislados y viajar a otra parte es muy difícil.

P. Las ambiciones humanas van mucho más allá de lo que permite la tecnología actual.

R. Exacto. Por ahora tenemos que conformarnos con intentar detectar, si nos llegan, mensajes de otros sitios, o buscar planetas en torno a otras estrellas, pero desde luego habitarlos no, eso es para el futuro.

P. Estamos saliendo al espacio con el mismo método básico de hace medio siglo, es decir, con los cohetes convencionales.

R. Sí. En esto no ha habido mucho cambio y ahora estamos al límite de lo que se puede hacer con la energía química de los cohetes. Pero hay que diferenciar entre la propulsión en el lanzamiento y la de viaje en el espacio. El 90% de la masa en el lanzamiento de un cohete es combustible, que utiliza unas ciertas moléculas, por ejemplo hidrógeno y oxígeno, que liberan una cantidad muy grande de energía cuando se queman. Y más allá de esa energía no puedes ir...

P. ¿No hay alternativa?

R. Se ha pensado en otras maneras de lanzar al espacio, por ejemplo propulsión atómica, que EE UU y Rusia intentaron bastante en serio en los años setenta y ochenta. Pero es una barbaridad. Eran reactores de una potencia enorme, como una central nuclear pero concentrada en un cacharro de tres o cuatro metros cúbicos y lanzando al aire un chorro de gas acelerado lleno de contaminantes radiactivos. En EE UU lo ensayaban en Iowa (no creo que quedase ni una vaca viva por allí). Desde el punto de vista de ingeniería, sí, es una opción, pero no lo va a hacer nadie, es una burrada.

P. Cuando se lanzan naves con pequeños generadores de radioisótopos para funcionar en Marte (como el Curiosity) o en Saturno (la sonda Cassini) las medidas de seguridad se multiplican.

R. Sí, claro, por si falla algo en el lanzamiento. Usar energía nuclear para el despegue queda descartado. Otra cosa es después, una vez en órbita... Puedes lanzar la nave con el reactor desactivado y luego activarlo a una cierta distancia, cuando no tiene posibilidad de volver y caer en la Tierra. Sería una opción para Marte.

P. ¿Y la propulsión una vez que la nave ya esta en órbita?

R. Entonces sí que tenemos alternativas buenas. Puede ser nuclear o solar de distintos tipos... Se trata de tomar energía eléctrica para acelerar cosas con ella y hay distintas opciones: motores iónicos, magnéticos, de tipo Hall... son motores de plasma.

P. ¿Cómo funcionan?

R. El plasma es un gas ionizado, es decir, que los átomos se han roto en iones cargados positivamente y electrones cargados negativamente. Con una disposición de electrodos y de imanes se pueden tomar los iones y acelerarlos, los dejas escapar, y ese escape de los iones empuja la nave espacial. Puedes alcanzar velocidades muy altas, más de 40 kilómetros por segundo, mientras que con un motor químico logras unos cinco kilómetros por segundo. La primera nave interplanetaria de la NASA con motor iónico ha sido la Deep Space 1. También la Smart, de la ESA, ha ido a la Luna con un motor iónico. En los satélites comerciales se utiliza la propulsión iónica para mantenerlos en su posición correcta en órbita.

P. ¿Para un viaje a Marte tripulado, qué propulsión se utilizaría?

R. Se está debatiendo aún porque como no es muy urgente —no hay dinero para hacerlo—, pues hay tiempo... Hay quien propone que se haga como el programa Apolo de la Luna, con propulsión química. Eso sabemos hacerlo. Lo que pasa es que para ir hasta Marte, para llevar a tres o cuatro personas necesitas tanto combustible para ir, descender allí y regresar que al final te sale un monstruo de miles de toneladas.

P. ¿Otras opciones?

R. Se podría poner la nave en órbita con propulsión química y luego utilizar otro sistema, como un motor de plasma. Con propulsión nuclear hay dos opciones: generar electricidad con un reactor y usar la electricidad para acelerar partículas en un motor iónico, o nuclear directo. Para ambos métodos tienes que blindar la cabina para los astronautas, mientras que para los motores de plasma no hace falta un blindaje especial, como mucho frente a una pequeña emisión de rayos X.

P. ¿Confluirán la propulsión aeronáutica y la espacial?

R. Hay una cosa que está a mitad de camino: la propulsión hipersónica. La supersónica alcanza unas tres veces la velocidad del sonido (2.000 o 3.000 kilómetros por hora) y la hipersónica llega a más de 20.000 kilómetros por hora. Hay unos motores hipersónicos híbridos que toman oxígeno de la atmósfera, como el motor de reacción de un avión, y usan hidrógeno como combustible. No están muy desarrollados. El problema es que si vuelas muy alto hay poco oxígeno y si vuelas bajo quemas el avión por el rozamiento con el aire. Aún así se han logrado velocidades de 10 o 12 veces la del sonido. Hace años, cuando Ronald Regan lanzó aquello del Tokio Express, que pretendía hacer viajes a Japón en una hora, me pareció muy atractivo y me metí en ello, pero me di cuenta de que era todo pura aplicación militar, que lo del Tokio Express era una tapadera, y lo dejé. Les interesa militarmente para hacer misiles más ligeros que lleven más carga destructiva... ¿Quién sabe si en el futuro llega a ser una opción civil? Si sigues aumentando la velocidad puedes casi alcanzar la suficiente para ponerte en órbita, 28.000 kilómetros por hora.

P. ¿Aportan algo nuevo tecnológicamente las empresas espaciales a las que la NASA apoya y deriva el transporte espacial o están optimizando económicamente tecnologías estándar?

R. Las dos cosas. Aprovechan lo que ya existe sin hacer grandes cosas nuevas. La NASA, en sus años jóvenes, tenía como misión inventar, desarrollar cosas que no existían, pero a las empresas no puedes pedirles eso porque tienen que ganar dinero, así que se basan en lo que la NASA hacía hace 40 años. Pero lo hacen más barato. Space X ha logrado reducir los costes de lanzamiento a la cuarta parte y eso es muy importante. Usan materiales nuevos... pero, sobre todo, hacen lo que hacía la NASA en sus años de gloria: atraer a la gente joven más entusiasta y mejor preparada. Tengo muchos alumnos dispuestos a lo que sea para trabajar en Orbital o en Space X, mientras que la NASA ya no es lo que era... se ha convertido en un ministerio.

P. ¿Conoció la NASA en los años de gloria?

R. Sí, aunque yo entonces no trabajaba aún en espacio y lo veía un poco desde fuera. En aquellos años, la mejor gente quería ir a la NASA como fuera. Hacían cosas maravillosas. Ahora no... una sexta parte de la gente de la NASA hace cosas buenas, pero el resto cumple como funcionarios.

20131027

Un montón de cacharros que un día fueron oro para los hackers


Un montón de cacharros que un día fueron oro para los hackers

CPU y disco duro del ordenador DEC 4000/600
CPU y disco duro del ordenador DEC 4000/600


  • Recordamos Glaucoma, el primer grupo de hackers en España
  • Nos asomamos a la 'hackhistoria' a través de sus ordenadores



  • Francisco Jesús Montserrat Coll es uno de esos hackers que se han convertido en referentes de la comunidad internauta a base de discreción y perseverancia. Su pasión es el sitio en el que trabaja desde ni se sabe: RedIRIS, la red que une a universidades y centros de investigación españoles. Pero Paco no ama a RedIRIS por el sueldo o el trabajo, no. Paco ama las máquinas.

    Esta semana, RedIRIS ha celebrado sus Jornadas Técnicas anuales que, para deleite de los asistentes, se han completado con una Exposición Tecnológica en el Museo de Ciencias Naturales de Madrid. Pocos lo sabían pero allí se han expuesto buena parte de los cachivaches que Paco ha conseguido recuperar -y reparar- de la prehistoria de Internet en España.

    La exposición ha durado sólo cuatro días, del 22 al 25 de octubre. Pero, por suerte para los aficionados a la tecno-historia, parte de este material puede visitarse en el blog de la asociación ACSI (Computer System Conservation Society). La misión de ACSI, creada por Paco, es conservar ordenadores, módems, consolas, routers y otros aparatos, entre ellos los que dieron vida a RedIRIS, justo hace 25 años.

    Los inicios

    A finales de los 80 existían ya otra redes que unían a algunas universidades españolas y les daban acceso a redes internacionales, pero RedIRIS fue "la bomba", pues llegaba para unir no a unas pocas sino a todas y, para ello, tenía un montón de dinero que aportaba Telefónica. El invento implicó a mucha gente, desde los técnicos de RedIRIS que tuvieron el lujo de participar de primera mano hasta los administradores de las diferentes universidades. A muchos les cuesta aguantar la lagrimita al ver aquellas primeras máquinas que manejaron.

    No se emocionan menos los viejos hackers que, desde el otro lado, trataban de asaltarlas. Colarse en RedIRIS les permitía, entre otras diversiones, acceder a las redes internacionales, a través de la tecnología x.25. Es sintomático que el primer grupo de hackers conocido en España se llamase GLAUCOMA porque, así como esta enfermedad ataca el IRIS, ellos atacaban RedIRIS.

    El ataque

    Glaucoma eran 3 adolescentes de Zaragoza: HorseRide, Han Solo y Depeche Mode. El grupo estuvo activo entre 1987 y 1989 y su principal "víctima" fue la Universidad de Zaragoza: un día entraron en el Centro de Cálculo de la universidad, simulando ser estudiantes, y espiaron por la espalda a los que estaban usando los ordenadores. Consiguieron así un montón de nombres de usuario y contraseñas que usaban para llamar desde casa a los módems de la universidad, que se convirtió en puerta de entrada de sus incursiones por el ciberespacio

    Pronto descubrieron la instrucción con la que, desde un ordenador de la Universidad de Zaragoza, se entraba a RedIRIS: set host/x29. Y, de allí, a las redes del mundo entero. Hasta que una noche un administrador de la universidad les pilló y cerró la cuenta que estaban usando. Pero, como explica el libro Hackstory.es, tenían un montón de cuentas más, pues habían robado toda la lista de usuarios de la universidad:
    "Empezó así una carrera del ratón y el gato: cuando les cerraban una cuenta, los hackers entraban por otras, que el administrador les iba cerrando a medida que descubría que estaban comprometidas. El juego duró dos meses en los que su máxima obsesión era usar RedIRIS para salir a las redes X25 de fuera, investigar qué había allí y asegurarse la conexión para el día siguiente".

    El fin

    Pero llegó el día -o mejor dicho, la noche- en que quemaron su último cartucho: la última cuenta. En aquellos tiempos, lo más difícil para un hacker no era entrar en un ordenador, pues la mayoría estaban totalmente abiertos, sino llegar a él. Buena parte del tiempo se gastaba en inventar trucos y aparatos para llamar gratuitamente, localizar módems de universidades o empresas para entrar en las redes y preservar el mayor tiempo posible las comunicaciones conquistadas.

    A ese cometido les ayudaban los propios usuarios, que no tenían mentalidad de seguridad informática: eran muy habituales las contraseñas débiles o sistemas sin contraseña. En la universidad eran frecuentes las credenciales de entrada al estilo: usuario: decano / contraseña: decano. Incluso en los bancos, algunos hackers veteranos juran y perjuran que a la máquina de pagos VISA de Kutxa se accedía tecleando usuario: operador /contraseña: operador.

    En cuanto a Glaucoma, con las puertas de la Universidad de Zaragoza cerradas, tuvieron que inventar otra audaz forma de volver a las redes. El líder del grupo, HorseRide, y Han Solo, a sus 18 añitos, se hicieron pasar por una empresa que quería comprar conexiones x.25 a Telefónica. Cuando les hacían una demostración, usaron otra vez la técnica de espiar por la espalda y así consiguieron el nombre de usuario y contraseña que daba acceso a todos los nodos de entrada a las redes x.25 en España. La clave era ORTSAC, el apellido al revés del técnico que las había montado.


    Un ordenador llamado Groucho


    Entre las "joyas de la corona" de la Exposición Tecnológica de los 25 años de RedIRIS destacan los primeros routers de 1.200 baudios, por los que circulaban los pocos datos que en 1988 generaba la primigenia red universitaria. También los ordenadores que fueron la raíz del sistema de dominios .es. Y algo que hoy vuelve a estar de actualidad: los primeros servidores públicos de claves de cifrado, que usaban los entonces muchos internautas conscienciados con la privacidad de sus comunicaciones. Pero las máquinas que más cariño despiertan a los viejos técnicos de RedIRIS son los servidores de correo, transferencia de archivos y otras funciones, bautizados con los nombres de los hermanos Marx. Entre ellos, el más famoso fue Groucho, un ordenador marca DEC que aguantó años y años de servicio.

    20131025

    El CNIO concreta en 54 el número de empleados despedidos


    El Ministerio de Administraciones Públicas ha dicho a la directora del Centro de Investigaciones Oncológicas y directora de un grupo de investigación, que ambos puestos son incompatibles por posible conflicto de intereses.

    La directora opina que el prohibir investigar a un director de un instituto de investigación es absurdo, y va a enviar al Ministerio una petición de aclaraciones.

    Mientras tanto, se dedica a preparar el recorte del 15% de personal del CNIO. El CNIO pierde unos 10 M€ al año. En julio se le concedieron 4 M€ "de emergencia". Aún no ha llegado el dinero.


    Que investiguen ellos.. (en el extranjero)

    Al Papa se le prohíbe dar misa.. cosas que pasan en hispanistán..

    Disfruten lo votado..


    El CNIO concreta en 54 el número de empleados despedidos


    Conflicto de intereses de la directora del centro

    El Ministerio de Hacienda y Administraciones públicas ha notificado a María Blasco la incompatibilidad de su cargo como directora del CNIO con el de directora de un grupo de investigación de dicho centro. La notificación, en concreto de la directora de la oficina de conflictos de intereses y con fecha 1 de agosto de 2013, responde a una consulta de Blasco al respecto y la respuesta es que, exceptuando algunas tareas, como la asistencia como ponente a congresos o conferencias o su participación en consejos asesores de institutos de investigación o fundaciones públicas, que cabrían como excepciones, “el resto de las tareas inherentes a la dirección del grupo de investigación y concretamente las de ‘pedir y coordinar proyectos de investigación’, no tiene encaje en ninguna de las excepciones al régimen de dedicación absoluta en el que debe desempeñarse el cargo de directora de la Fundación, de acuerdo con el artículo 5 de la ley 5/2006/, pudiendo dar lugar a conflicto de intereses, dado el régimen de concurrencia competitiva seguido en la petición, obtención y concesión de recursos y en la ejecución de dichos proyectos de investigación”.

    Blasco dirige el grupo de telómeros y telomerasa del Programa de Oncología Molecular del CNIO.

    “La situación no es tan drástica, no se trata de elegir entre ser investigadora o ser directora”, responde Blasco a EL PAIS. “Lo que plantea el Ministerio de Hacienda es una limitación de mi actividad investigadora, no una renuncia a la misma. En todo caso, con el apoyo de la Secretaría de Estado, estamos realizando consultas adicionales para aclarar algunos puntos. Me gustaría recordar que el puesto de director del CNIO siempre ha estado asociado a científicos que mantienen una actividad investigadora y un reconocimiento internacional, como por otro lado es la norma en todos los centros de investigación que conozco, dentro y fuera de nuestro país. Hemos pedido una aclaración a la oficina de conflictos de intereses y, lógicamente, acataremos lo que decida.

    De momento, este asunto del conflicto de intereses de la directora no estaba incluido en el orden del día de la reunión del patronato del centro celebrada ayer.

    El patronato del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) ha decidido reducir a 54 el número de despidos, en lugar de los 64 que se anunciaron el pasado 31 de julio en el plan de viabilidad revisado de la institución, a cambio de hacer ahorros en los beneficios sociales de los trabajadores. La lista de las personas a despedir no se ha hecho pública y todo el proceso de despido colectivo está ahora en manos de la abogacía del estado. El patronato ha aprobado también las cuentas de 2012, un paso necesario para iniciar el proceso de despido colectivo.

    El pasado 31 de julio, el patronato del CNIO decidió la “no renovación de cerca de 36 contratos temporales, así como el despido de un máximo de 28 trabajadores, sobre una plantilla de 470 empleados —430 de ellos investigadores—”. Además, el comunicado del Ministerio de Economía y Competitividad (del que depende el CNIO), expresamente indicaba que “la reducción de plantilla será objeto de negociación con los representantes de los trabajadores” y puntualizaba que los ajustes “no supondrán ninguna reducción en la actividad científica de la institución ni la extinción de ningún grupo de investigación”. La dirección del centro comunicó al comité de empresa las posiciones de los despidos (sobre la estimación inicial de 64), por lo que saben que, entre otros, habrá 17 trabajadores menos en el programa de biotecnología y 11 del de terapias experimentales, ambos de la Dirección de Innovación. Además, se pierden ocho puestos en Administración (gerencia) y otros en diferentes grupos. Los diez despidos que han salido ahora de la lista de 64 se incluirán en la tasa de reposición del año que viene, de forma que, en lugar de los 16 nuevos contratos previstos se realizarán solo seis.

    "El criterio fundamental [para elaborar la lista de 54 despidos] ha sido el de reducir al máximo el impacto que tendrá este recorte en la actividad investigadora del centro”, explica la directora del CNIO María Blasco a EL PAÍS en un correo electrónico. “El objetivo ha sido preservar las posiciones más necesarias para que el centro mantuviera su actividad. El impacto, en todo caso va a ser importante y lo vamos a medir para conocer su alcance”. La configuración de las listas “ha contado, como es lógico, con la participación de los responsables de cada programa, que son quienes mejor conocen el día a día en cada laboratorio”, continúa Blasco. “En este proceso he estado asesorada en todo momento por los dos vicedirectores y, además, he mantenido numerosas reuniones con los directores de programa, los jefes de grupo y unidad, además, por supuesto, de informar de cada paso que se ha dado al comité de empresa”.

    Según una fuente del comité de empresa, la dirección del centro no ha informado acerca de los criterios ni económicos ni científicos por los que se ha elaborado la lista de despedidos.

    Blasco recalca que “la responsabilidad de aplicar las medidas aprobadas por el patronato es de la dirección del CNIO” y añade que “en el proceso de reflexión que hemos mantenido durante los últimos meses, desde el pasado 31 de julio, han tenido ocasión de participar todos los órganos de representación del centro tanto científicos como administrativos y, por supuesto, también los representantes de los trabajadores”. Pero puntualiza que será próximamente cuando se abra un período de consultas con el Comité de Empresa, “según lo previsto en el Estatuto de los Trabajadores” y que será entonces cuando dicho comité “ejerza todos sus derechos y haga todas las consultas y propuestas que considere oportunas, y que serán esenciales para definir el resultado final”.

    Para el CNIO, que arrastra un déficit entre ingresos y gastos de ocho a diez millones de euros anuales desde 2009, el patronato, que preside la secretaria de Estado de I+D+i Carmen Vela, elaboró un plan de actuación en diciembre de 2012 en el que se descartaban despidos, aunque se anunciaba una contención de nuevas contrataciones. Siete meses después, en julio, una reunión el patronato convocada de urgencia aprobó los 64 despidos a la vez que se anunciaba para el centro un ingreso extra de cuatro millones de euros desde la Secretaría de Estado de I+D+i y canalizado en parte por el Instituto de Salud Carlos III. Los cuatro millones de euros no se han hecho aún efectivos aún.